viernes, 1 de febrero de 2013

La niña azul.

Había una vez, en una de esas muchas veces, una niña que era azul. Cuentan las bocas de ajenos y las leyendas diversas que en lugar de un nombre, un palíndromo se cargaba y que en lugar de palabras, como la mayoría de las protagonistas de cuentos, ella estaba hecha puros sentimientos.

La niña azul era una niña rara y contradictoria, no temía a las nimiedades que otras niñas usualmente temen, como bichos y arañas, sin embargo había otras cosas a las que temía, una de ellas era su cumpleaños.

De entre todas las Lunas que la niña había prescenciado las últimas 5840 la habían marcado de manera especial, la niña creía que al avanzar el tiempo y adicionar un año más a su vida, ella perdería esas 5840 Lunas que tanto tiempo la habían acompañado, que la habían cobijado.

El temido día llegó y aunque, no salió tan bien cómo hubiera sido deseado, la niña azul descubrió que nada había que temer al paso del tiempo, que con música, globos y pastel, uno podía ignorar fácilmente el susto de perder sus Lunas, que aunque la gente olvidará detalles pequeños, no todo era tan malo.

Y así fue como la niña azul se tornó de 17 y le escribieron un cuento no tan padre como se merece para su cumple.

FELIZ CUMPLEAÑOS ANAID.

miércoles, 30 de enero de 2013

Odio mi clase de física II

El viento es amable y acaricia mi rostro, su sonido me arrulla al igual que los murmullos de mis alrededores, que al igual que yo, ignoran la calmada y grave voz de mi profesor de física. Protones, electrones, conservación de la carga, tanto sentido por su parte y tanta falta de atención de la mía, después de todo, tengo mejores cosas que hacer, como relatar mi aburrido día para entretenerme.

-¿Tenemos tarea?- me pregunta Ana torciendo el cuello para voltear, -Según yo, no, por otro lado, no creo que sea lo más prudente preguntarme, supongo deberías preguntarle a alguien que se preocupe por esas cosas- ella ríe asintiendo y regresa a aquello que estaba haciendo. Supongo que me debería de preocupar por la escuela, por otro lado, la mayoría de mis conjeturas nunca me llevan a nada bueno.

¡Ah! mis conjeturas, siempre con ese hábito maldito de refutar mis hipótesis.

Genaro, otro compañero, voltea y me pide ayuda con un problema de cálculo, tardo en poder resolverlo, luego regreso a escribir y notó que mi poca inspiración se cortó y me digo a mi mismo, ¡Carajo! vaya que la escuela tiene una facilidad para despojarme de lo poco artístico que queda en mi cerebro.

martes, 29 de enero de 2013